Que Dios está en las alturas es tan evidente que no debería extrañarnos que el protagonista de ¡Dios mío! casi nunca pise tierra firme. Desde ahí arriba controla perfectamente el percal e intenta, a su manera, escuchar todas las plegarias que se hacen en su nombre. Por suerte, el Dios de José Luis Martín es también un dios en minúsculas, en zapatillas, burlón, algo malhumorado y hasta humano cuando se trata de temas más cotidianos. Convertir este dios en personaje de cómic favorece su cercanía al lector, le transforma en parodia, pero también en sátira, y, por mucho que algunos se sientan ofendidos, su condición de criatura de papel le distancia lo suficiente de la realidad como para que, creyentes o no, podamos reírnos con él, que no necesariamente de él. Un momento, ¿realidad? Ah, pero ¿Dios existe? En todo caso, el de José Luis Martín, sí.
Páginas: 144
Medidas: 29x22 cm